Había una vez una niña que se llamaba Aya. Ella viva en un país de sombras y de mucha oscuridad. Constantes tormentas, y tan solo a veces sol. Ni uno de esos días soleados del todo, cuando el cieno es tan azul y brillante que da gusto verlo. Sino eran de esos días en los que el sol se veía entre las nubes.

El mundo es cruel a veces las personas hacer daños sin darse cuenta ellas mismas de ello. Te dicen algo y ya esta. Como un golpe que te dan en el pecho, y te cuesta respirar. No puedes más. En un mar de lágrimas perdidas, que te echan de menos, esperas ver el sol, en el cielo, esperas ver el cielo. Tan alto, tan azul, tan bonito. De día y de noche. Los días de sol y de lluvia.

Queres llorar pero no puedes, Queres no reír pero haya algo que te lo impide. Sueñas con un mundo mejor pero no te das cuenta de que el tuyo es un infierno. Bebes los sueños caídos de tu alma. Oyes la respiración de la vida que no tienes. Vives para nada y para todo. Un grito al silencio, un grito de socorro, que no suena. Perderse en un mundo de fantasía y sueño irreales. Estar en polo norte y a la vez en Miami